Tentativas de contacto



La investigación que inicié es la que continúo desarrollando. Si en un primer momento tomaba como base el cuerpo y el cuerpo-tierra, y buscaba atender a la incapacidad de las palabras para designar un cuerpo —la montaña, cualquier superficie concebida como “naturaleza”— mediante el soplido, actualmente el marco de búsqueda se ha ampliado, incorporando un interés creciente por la temporalidad y por el amor.

Las acciones que realizo en el territorio buscan establecer un contacto entre mi cuerpo y la tierra, no en su capa superficial, sino en un plano interno (aunque lo externo sea esencial para conducirnos). Esto supone, para mí, buscar los estratos y ponerlos en relación no desde una línea histórica continuada y regida por la linealidad, sino desde la superposición y el colapso: una línea discontinua, continuada, afectiva.

Mi cuerpo en relación con la tierra. En estas aproximaciones son esenciales la dermis y lo viscoso del territorio. Tanto la sección de mi última capa corporal como la de la tierra conforman un órgano sensitivo de gran tamaño: inaprensible, pero cercano a la sensorialidad. Esta capacidad de sentir para luego decir es la que quiero seguir experimentando.

En las acciones sobre el cuerpo-tierra, el tacto y la sensorialidad externa amplían una vibración interna. Como si mi cuerpo se conformara por placas tectónicas, en un punto la acción colisiona y se produce una unión creciente entre mi cuerpo y la tierra. Así aparezco descompuesta como cuerpo-tierra; reaparezco sentida y afectada. A esta unión presto atención. Deseo ampliar mi escritura sobre ella, ligándola más hondamente a la importancia de los afectos y a su cualidad sedimentaria.

Conclusión primera:
Trabajo con mi cuerpo y con la tierra. A raíz de una escucha profunda y prolongada me desdoblé en varias. Ahora soy cuerpo-cuerpo y cuerpo-tierra.

Quisiera seguir desdoblándome; por ello continúo soplando montones de tierra en diferentes montañas.

Tras indagar en los cuidados —en relación con lo corpóreo y la afección— atiendo ahora al cuerpo sedimentario, alejado de una denominación concreta. Un cuerpo formado por composición, por sucesos afectivos desencadenados y alterados en movimiento: movimiento mínimo, minúsculo, invisible e inaprensible para la visión. Motor interno y externo del habla; motor interno y externo de las sensaciones corporales, hoy damnificadas por la virtualidad del nuevo medio, por la tactilidad no correspondida y por la inmediatez del cambio.

A esta virtualidad me enfrento mediante una sensorialidad correspondida de la piel: de mi cuerpo hacia la tierra y de la tierra hacia mi cuerpo. Desde la capacidad de afección que reside en la escucha —también en el tacto— del medio desde la materia y de la materia hacia el medio. La materia, por contacto, ocasiona choques; estos choques conducen al habla.

Las acciones de mi búsqueda presente y futura necesitan de un registro arqueológico. Mi cuerpo es una arqueología de afectos, y así me gustaría estudiarlo: entrando en conexión íntima con la tierra en nuevas tentativas de contacto.
 


︎︎︎